Más que explicando o tratando de desahogarme, intento entender que está pasando.
Acaso estoy muerto? acaso lo nuestro está muerto? Se me sale el pecho de solo pensarlo.
Puedo entender que existan idas y vueltas, lo que no logró entender es porque quedo dando vueltas entre síntomas de culpas y otros tantos signos de olvido.
La pregunta que viene siempre en caso similares es ¿es esto merecido? probablemente, me contesto. Entonces indago en las causalidades que ahogaron el fuego. Tratando de no desligar la responsabilidad en otros, me pregunto si es que los otros alguna vez llegan a conocerme. Si es que alguna vez se acercan a ese muro implícito que intenta frenar los avances vagos, ligeros, de quienes quieren conocerte. Para así dejar entrar a esos que verdaderamente se meten y quieren ver aquello que hay por dentro, aquello que no es voz ni cuerpo.
¿Será entonces que somos seres comunes? Que no somos la fantasía de ese ser que es uno para el otro. ¿Serán los otros los cuerdos y nosotros los locos?
¿Será que no me esfuerzo porque vean mis esfuerzos o que ni siquiera exista un esfuerzo propio?
¿Será que desprendo un olor a no me importa sobre las cosas que si me importan?
Sera entonces que todo lo que creo es simplemente eso, algo que no existe, y solo yo lo creo.
Como despegarme de este extraño dolor, profundo y verdadero dolor. Dolor que nunca antes en vida había sentido ni existido algo parecido en mí. Ese dolor que cae derrumbado sobre mil escombros. El dolor de pensar siquiera que la posibilidad de estar lejos de mis corazones, sea indefectiblemente vecino. Que ya no es inexistente o algo que nunca jamás se cruzara por la puerta. Ahora existe, si. Y es posible. Porque puedo estar indiferente en muchas cosas, pero no en sentir tu indiferencia. En sentir que interfiero entre tu voluntad y fuerza y que mis apagados impulsos contagian para mal a tu verdadera esencia.
Mi forma de reaccionar ante las malas es distinta a la tuya y a las de los demás. Siento, una vez más lamentablemente, que quedo solo en las malas. Que en las buenas todos te buscan y te necesitan pero en las malas te alejan sin alejarte, que es peor (por lo menos para mí) a que te echen de una trompada.
Que decirte entonces, que me corro antes que hacerte mal. Que tengo terribles sensaciones de dolor, furia y desquite. Que antes que eso te caiga sobre tus hombros prefiero que me machaquen los míos. Que no quiero estar ni un minuto lejos tuyo pero éste que está acá, posiblemente no sea yo.
