jueves, 24 de febrero de 2011

PERDURAR EN EL TIEMPO



Pareciera que sostenerse en el tiempo es un merito incuestionable de estos días. Como si el simple hecho de persistir en una profesión, en un medio, o en un ámbito valiera para calificar o descalificar al resto. La permanencia a veces es señal de constancia y de confiabilidad, pero existen otras formas de analizar la permanencia.
La permanencia también es resistente a nuevos brotes, a ese “yo” que se resiste a que salga algún otro que lo reemplace, que lo suceda e incluso que lo supere. Insistir en estar, en continuar, también habla de una posición en la vida. De una neutralidad o acomodamiento a cuando a ese “yo” le conviene acomodarse. Hay quienes se aferran indudablemente a permanecer, y más importa cuanto que como, o cuando.
Dentro de una sociedad-país, muchísimas veces surrealista como me gusta llamar a nuestra tierra sureña, que en tan pocos años ha cambiado tanto y tantas veces los rumbos. Una sociedad-país en donde han pasado gobiernos tiranos, nefastos, gobiernos amables, inútiles, gobiernos impotentes, faranduleros, egocéntricos. Trascender esos cambios del Estado desde la permanencia es, como mínimo, digno de desconfianza y un posible desmerito. Cuando se señala una sociedad-país en donde los nuevos brotes están en ausencia. En donde las juveniles semillas no encuentran ámbito de desarrollo. En donde se festejan mínimos signos de resurgimiento y no el resurgimiento en su plenitud. La permanencia es cuestionable. Sobre todo si los espacios en que se plantea como cualidad fina esa continuidad, son ámbitos en los que los trazos de pequeñez son su marca registrada. Ámbitos en donde no se busca la excelencia sino, como ya lo hablamos, tan solo la permanencia.
Como seres vitales tenemos las líneas básicas de narrativa estructural. Es decir, tenemos un inicio, un desarrollo y un final. Como seres vitales, en nuestra etapa de desarrollo, somos quienes debemos delegar y proponer a nuevos inicios antes de nuestro final. En los ámbitos sociales, profesionales, o laborales se tiene que cumplir la misma línea. Todo es un juego de posta, y el conocimiento (testimonio) logrado no se debe esconder, sino posar en nuevas manos que lo lleven a otras manos y así hasta que el conocimiento (testimonio) se propague hasta el infinito hacia una sociedad-país, con más sabiduría, paciencia y sensibilidad que la inicial.

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