lunes, 2 de agosto de 2010

Inclusión

Últimamente suena mucho la palabra "inclusión". En diarios, radios, televisores, actos y/o planes políticos-sociales, se repite una y otra vez a modo discursivo esa bendita palabra. INCLUSIÓN.
Cuando se habla de inclusión hay que convenir que hay un adentro y un afuera, y que ese afuera podría ingresar en un momento determinado en el adentro.
Así es sencillamente pero hay un pequeño detalle. Nunca se acordó (pactó) quien es el que decide el adentro y el afuera.
Hablamos que hay algo afuera que queremos que entre?
O desde adentro hay alguien que (¿quiere?) entremos a su adentro? 
Definitivamente parece haber alguien perpetuado en el tiempo que decide si algunos entran u otros salen.
¿Pero por qué ese deseo súbito de bregar por la inclusión?
Ese deseo por incluirnos termina por ser solamente una necesidad por poseer la anhelada condición de estar "arriba" y asi auto-generarse una sensación de bienestar a su sobre expuesto "compromiso social".
Aquello tan perfecto en donde quieren incluirnos no es más que un espejo que los hace ver más grandes, más poderosos, más buenos, más lindos a quienes deciden los adentros y los afueras.
Incluir significa compartir derechos y oportunidades. Debatir sobre normas y reglas. Incluir es aceptar y dudo que aquellos que quieren santificarse con la bondad de la "inclusión" reconozcan al otro como igual y abracen sus ideas y pensamientos, a pesar de las diferencias.
En definitiva, hay quienes procuran incluirnos sometiéndonos a sus reglas de exclusión permanente; a un paraíso monárquico y ambicionan redimirse por ello.
Desde aquí le decimos:
- gracias por dejarnos entrar, pero preferimos estar afuera, en libertad; con la conciencia tranquila y el espíritu libre de modernos sometimientos.

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